Un egregor, técnicamente hablando, es un núcleo de
substancia mental, psíquica o etérica creada por el modo de pensar, sentir y
actuar de los seres humanos en no importa qué plano ni en qué tiempo de la
historia del mundo, cuya forma psíquica, encarnando aquellas cualidades expresivas
de conciencia, ha sido construida por los devas substanciadores de la energía
en cualquier nivel de la vida de la Naturaleza.
Es decir, que todo impulso vital o substancial
surgiendo de los individuos o de las comunidades sociales del mundo y siguiendo
la línea creadora de la conciencia, produce inevitablemente una reacción dévica
del espacio y producto de ella es la forma psíquica de un egregor.
Pero, hay que señalar al respecto que hay egregores efímeros
y egregores permanentes.
Los primeros obedecen a impulsos psíquicos o estados de
conciencia esporádicos y sin fuerza aglutinante;
Los segundos son el resultado de la acumulación de
materia psíquica realizada de manera constante y permanente por efecto de los
estados de conciencia habituales, ya sea de los individuos o de los grupos.
En
todo caso, la respuesta dévica a los impulsos psíquicos creados por la
humanidad a distintos niveles y con carácter asiduo o permanente, constituye lo
que corrientemente llamamos ambientes sociales y comunales, siendo éstos la
base de la civilización y cultura de los pueblos.
Un egregor es una entidad o espíritu de origen
artificial, creado y alimentado por el poder y la energía de los pensamientos,
las emociones y muchas veces la fe que
se hayan en el plano astral, el mental o el emocional, y obviamente, desde el
astral pueden afectar al físico, mientras que en los otros dos pueden afectar a
aquellos que los crean o mantienen. Por ello pueden ser creados consciente o
inconscientemente, y pueden ser personales, grupales, colectivos, nacionales y
mundiales.
Los que han sido creados inconscientemente, debido a un
cúmulo de sentimientos, como pueda ser ira, suelen tener una imagen abstracta,
mientras que los conscientes, tendrán la forma que los creadores o los que lo
mantienen imaginen.
La creación de un egregor puede tener muchos orígenes,
y en la mayoría de casos, no se es consciente de que se ha creado uno. Estos
egregores pueden ser manifestaciones de sentimientos muy fuertes que tenemos
dentro, incluso emociones reprimidas, así como deseos o necesidades. También
pueden ser ideas surgidas de nuestra imaginación que han cobrado fuerza a
través del deseo, o las emociones, en cuyo caso tendrán la forma que habíamos
imaginado. Y obviamente, un egregor puede crearse conscientemente, sabiendo que
son y cómo se crean, una persona puede desear e imaginar una entidad, y darle
fuerza a través de un poderoso sentimiento, mucho deseo y/o algún procedimiento
mágico o energético. También es posible que surjan no de una mente, sino de dos
o muchas más.

Esto quiere decir que cuando muchas personas creen en
algo, como por ejemplo, una deidad, aunque esa deidad no existiera realmente
antes, ésta empieza a existir como un egregor que con cada creyente y adorador
cobra tanta fuerza como un verdadero dios, por lo que puede ya considerársele
tal.
No sería de extrañar que muchas (quizás todas) las
deidades que existen tengan este tipo de origen, así como muchas otras clase de
criaturas, por lo que determinar el verdadero origen de una entidad es
complicado.
Un egregor existe mientras su creador o sus creyentes
crean en él y lo recuerden, o la energía que los crea y mantiene, permanezca.
Eso último quiere decir que los egregores que
representan sentimientos a gran escala como amor o ira, seguirán existiendo
mientras haya alguien que los alimente con ese mismo sentimiento. También
significa todo esto que un dios, un hada o lo que sea, cuyo verdadero origen
sea un egregor, dejará de existir cuando nadie lo recuerde y nadie pueda creer
en tal entidad. Quizás esta desaparición no es completa, y sólo se trate de una
suspensión, como algo perdido en el tiempo-espacio, y si algún día alguien
recupera alguna información, recuerdo o creencia en tal ente, este se active de
nuevo.
Igual, aunque no sean egregores, muchas entidades requieren del pensamiento y
fé humanos para intervenir, contactar y/o habitar este mundo, y cuando tal cosa
no sucede, tienen que volver su lugar de origen, o a otro lugar, o les pasará lo
mismo que a los egregores, que quedan suspendidos en el tiempo-espacio hasta
que alguien los recuerde.
Un acto importante, que haya conllevado gran esfuerzo o
haya intervenido la voluntad de mucha gente puede crear un egregor,
que puede continuar desprendiendo la energía de tal
acción incluso mucho tiempo después de que tal acto haya concluido.
Así mismo, un hechizo o ritual, en el plano astral es
cómo un egregor, que en ocasiones puede permanecer tras finalizar ese hechizo,
hasta que vuelva a ser usado, acumulando cada vez más energía. Ésta es la razón
por la que cuando un hechizo es heredado en una familia, y usado por cada
generación, suelen ser muy potentes.
Los elementales artificiales son considerados también
egregores, llamados también egregores elementales, pues el poder básico que los
alimenta es uno o más de los elementos.
Un egregor puede ser creado de cosas positivas, como
amor, esperanza, deseos de ayudar a alguien, como creado de cosas negativas,
como rencor, odio, ira, envidia, deseos de destrucción...
También es posible determinar, si se desea, el tiempo o
el límite de éste que tendrá un egregor (o un egregor elemental) para su
existencia, el cual suele ser cuando acabe su tarea, pero tal cosa debería de
hacerse durante su creación. En principio el creador del egregor debe de ser
capaz de ordenarle algún cambio de la tarea, así como hacer que se disuelva,
ósea, que desaparezca. También puede que el creador determine que lo que desea
es que viva por siempre.
Si alguien es capaz, puede "matar" a un
egregor ajeno, haciendo que este se disuelva, si era un elemental, hará que
vuelva al elemento que lo sustenta. También es posible "robar" el
control de un egregor o un elemental, introduciendo en su núcleo tu propia
energía, y sustituyendo la del creador original, lo que hará que el egregor sea
como creado por ti, pero esto no es tan fácil.
Sobre si un egregor tiene voluntad propia, es un tema
difícil de tratar, pues varía mucho según ciertas características. Un egregor
de nivel bajo creado para una tarea concreta no debería de tener voluntad,
quizás si un egregor inconsciente vaga libre tendrá algo de voluntad, pero ésta
ira dirigida seguramente ha actos relacionados al pensamiento o emoción que lo
crearon. Cuando ya se trata de egregores que alcanzaron un enorme poder,
antigüedad y polifascismos, como ocurre con los dioses de esta clase de origen,
probablemente tengan ya una "voluntad" más libre.
Existen dos tipos de pensamientos: negativos y
positivos.
Los pensamientos negativos son opacos, de bajas
tonalidades, afectan negativamente al pensador y a todos aquellos a quienes van
dirigidos, rodean al individuo que los emitió en una atmósfera siniestra,
pesada, que entorpece su evolución ascensorial en todo orden, lo vuelven una
persona desagradable, antipática, indeseable, da a su fisionomía una expresión
amarga, lo afea, aleja de si los afectos, lo hace neurasténico crónico, así
crea lo que llamamos egregor negativo, sembrándole cada vez nuevos pensamientos
depresivos que lo van envenenado.
Por el contrario, los pensamientos positivos, siembran
en nuestro subconsciente un semillero maravilloso, con vibraciones luminosas
que salen de nuestro cuerpo mental estimulándolas en sentido positivo. Nos
proporciona, salud, belleza, energía, etc.
Al descargar esta energía se convierte en materia.
Muy importante es saber que con la mente gobernamos las
células de nuestro cuerpo.
Lo que ocurre en nuestro cuerpo mental es un espejo:
"Tal como piensas, así eres".
Tanto el valor como el miedo son actitudes mentales.
Ejemplo clásico de un egregor negativo y como afecta.
Alguien nos hizo, como se dice vulgarmente una
canallada, cuando se recibe lógica-mente nos indignamos y nuestra mente empieza
a emitir pensamientos de ira, de despecho, de venganza y hasta lo expresamos
con palabras, en este momento sale de nuestro cuerpo mental una carga
electrónica (en la ciencia existe el electroencefalograma: Aparato que registra
en una cinta que al pensar emitimos ondas eléctricas) esa carga electrónica fue
de carácter negativo y salió hacia el espacio donde se encontró con otras
cargas afines, es decir, con ondas electrónicas similares, pensamientos de
odio, de tristeza, decepcionantes, etc. emitidos por otras personas y por
simpatía se unió a ellas.
Estas fuerzas electrónicas negativas lanzadas al
espacio inconscientemente, toman cuerpo y fabrican un ente de condición
negativa, cargado de mala intención, de tristeza, de dolor, de odio, de todo
orden negativo.
Por correspondencia, este ente pertenece a quienes lo
fabricaron y periódicamente regresa a ellos y les "recuerda"
frecuentemente qué los hirió, acomplejo, etc.
Por otro lado, esta influencia de Conciencia Colectiva
Negativa, afecta de igual manera a Nuestra Madre Tierra, pues estas energías se
concentran en su atmósfera y de alguna manera se manifiesta, en guerras,
terremotos, desastres naturales, etc. Cuando pasa, no comprendemos que nosotros
hemos contribuido a crear este tipo de fenómenos y luego preguntamos ¿Porque? o
echamos culpas a diestra y siniestra.
Otro efecto del egregor negativo es que vamos creando
rencores y los vamos arrastrando en nuestro cuerpo etérico por centenares de
vidas que a veces se manifiestan en enfermedades físicas y mentales.
Recomendación:
Aprende a apaciguar, a comprender las situaciones, a
mejorarlas y a evolucionar espiritualmente, una herramienta poderosa es la
meditación.
Cuando la pongas en práctica constante y
consciente-mente te liberará, te perdonará, así como la(s) persona(s) que te
agravió, ya no creas más estos egregores negativos, y si vuelves a caer,
concientízate inmediatamente de ello y cambiar, hasta que llegues a dominar
bien tus pensamientos y emociones.
Solo tú eres dueño/a de tu espacio interior...